Llegaste sin más,
te plantaste en mi corazón,
y sin darte cuenta
me hiciste perder la razón.
Te acercaste serena,
sin ningún bullicio,
advertí entonces
que te amaba desde el inicio.
Tu pelo era rojo,
combinaba con el ocaso,
y supe que tu cuerpo
combinaba con mi abrazo.
Te observé un momento,
me invadió la cobardía,
¿amar a una mujer?
creí que no debía.
Pero tus ojos me mataron,
y tus labios sonrieron,
y en ese pequeño instante
nuestros corazones se unieron.
Curiosa la vida
y sus vueltas inesperadas,
curioso el amor
que cruzó nuestras miradas.
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