Y la talofita de tu alusión se incrementa con el paso del tiempo, y no consigo despojarme de ella. Esta abundancia de vacío dentro de mis entrañas, el bramido sanguinario que emana mi interior, la exigua deferencia hacia este sujeto … ¿por qué no lo prorrumpes?, esa tirria tuya por ser perpetuamente impecable. Y lo intuyes, tanto que tu recóndito corazón lo sigue eludiendo. Sosláyalo, que cuando te apetezca atesorarlo habrá emigrado hacia otros brazos.
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