Como el filo de un cuchillo cercena en mi su apatía,
se hace fuerte la presencia de la herida que se abría.
Emerge de su pequeña boca la alevosía hecha palabra,
con calma esculpe dolor de una forma macabra.
Sus caricias confusas forman en mi una ranura,
la cual se traza con gran amargura.
Su cabello resplandeciente parecido a la miel,
se entrelaza formando así pequeñas telearañas en mi piel.
Me entierra con fuerza el cuchillo en el corazón,
y aunque me duela en el alma tiene la razón.
No lo quiero y jamás lo haré,
pero su lado nunca abandonaré.
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