Mis palabras no tienen un destino, son lo que son: presencias desterradas de mi boca. Desterradas que se van a penas, se revelan, cargan consigo una lucha, un corazón y un global enmarcado en lo que son. Son desterradas y con tal destino tienen una última cosa pendiente: volver. Como cualquier víctima del destierro, volverán, querrán volver. Su pasión, su lucha; volverán. Y así, esta boca y esta mente que confabularon en su creación y destierro, las recibirán con asombro, no sabrán recibirlas y se destrozarán por esa pasión creando más palabras de revolución.
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