Giran en espiral y no sé a dónde se dirigen. Las llamo desesperadamente pero parece que sus oídos están llenos de signos de exclamación que hacen imposible el paso de mi voz. Además de que no me escuchan, no logro ordenarlas, no quieren hacerme caso. Se rehúsan a escuchar a la persona que las escogió para formar parte de sus historias, de sus anhelos, de sus tristezas.
Es como si tuvieran vida propia. No saben lo que hacen y no saben que si se esfuerzan por lucir bien juntas, podrían verse extremadamente hermosas.
Creen que son únicas, y aun que lo son, solas no significan nada. Creen que pueden brillar sin que las pulan, pero ni el diamante más caro brilla sin ser pulido. Creen que pueden hacer lo que se les antoje, al fin y al cabo, no entienden que la que decide eso soy yo.
Palabras llenas de dolor que no logran derramar lágrimas a través de sus delgadas líneas curvadas, no logran derramar lágrimas porque tienen miedo de que el color que las cubre se desvanezca y deje al descubierto su frágil e intrigante complexión. Palabras simples que tratan de esconderse detrás de largos e incomprensibles vocablos que opacan el brillo que ellas mismas tratan de ocultar.
Palabras que viven en mi mente e intentan describir lo que siento ... palabras que se esconden por miedo a ser rechazadas por los demás ... palabras que tratan de no expresar lo que realmente significan: yo.
10 noviembre 2011
"Son palabras..." - Nach
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