Esta historia la escribí para un concurso del colegio, y me gustaría compartirla con ustedes :)
¡Número 34! Ximena fue a la ventanilla número 3, le hicieron llenar un formulario con las típicas preguntas: su edad, situación sentimental, etc. Al llegar a la última pregunta Ximena tuvo que pedirle cinco minutos a la mujer detrás de la ventanilla para pensar bien su respuesta. La pregunta era ¿por qué desea ser donante? Ximena sabía que quería ser donante, pero porque su corazón se lo decía, no porque tuviera una razón concreta. Se limitó a responder “porque mi corazón me lo dice”, caminó hacia la ventanilla y le entregó el papel a la señorita, al leerlo ésta arqueó las cejas y la miró con cara de duda, tenía claras instrucciones de pedir que llenaran el formulario, pero no podía reclamarle a nadie o su trabajo estaba en juego.
Luego de 2 horas le entregaron a Ximena la pulsera rosa con la que cualquier paramédico del mundo podría saber que era donante.
Boris tenía 57 años, era un padre de familia, tenía 3 hijos, 8 nietos y estaba felizmente casado con una mujer, que a pesar de su edad, era increíblemente hermosa, su nombre, Margarita. Hace ya dos años a Boris le habían detectado una enfermedad llamada aneurisma, provocada porque el corazón no obtiene suficiente sangre rica en oxígeno. En general llevaba una vida normal, exceptuando algunas actividades como correr, hacer fuerza, etc.
Ximena iba en su automóvil camino al hospital ya que su hermana acababa de dar a luz a una hermosa y sana niña.
Al llegar preguntó en el módulo de información dónde se encontraba la habitación 835, la señorita en cuya placa se apreciaba el nombre de Gertrudis, le indicó el camino para llegar y le entregó un folleto sobre las enfermedades al corazón.
Durante el camino hacia la habitación donde estaba su hermana aprovechó de leer el folleto; se sorprendió al ver todas las enfermedades que afectan al corazón.
Al subir al elevador Boris chocó sin querer con una linda muchachita de más o menos 1.65m y de una contextura mediana, sin darse cuenta hizo que la mujer tirara un papel que llevaba en las manos, él, como el buen caballero que era, recogió el papel y pudo ver que en su portada decía “Cuide su corazón”.
- Cómo es tedioso el corazón.- dijo sin más preámbulos Boris.
Sorprendida, Ximena miró con cara de espanto al abuelito con el cual acababa de chocar.
- ¿Usted sufre del corazón señor?- le dijo con toda la confianza del mundo.
- Lamentablemente sí señorita, tengo aneurisma- respondió Boris.
Ximena no sabía lo que era así que Boris se dio el tiempo de explicarle; Boris le contó a Ximena que iba al hospital para hacerse unos exámenes que debía realizarse todos los meses, y ella le contó que su hermana acababa de ser madre. Se despidieron con una sonrisa y un apretón de manos.
Al llegar a la habitación con la placa 835, Ximena abrió la puerta y se dio cuenta de que allí dentro había más gente que en cualquier reunión familiar. Saludó a todos y se dirigió hacia su hermana para felicitarla y darle un abrazo. Entre conversación y conversación le contó a la familia que en la mañana había ido a declararse como donante, todos la vieron con una mirada inexpresiva. Ximena sabía que su familia no estaría de acuerdo pero nunca se imaginó que llegaría a tanto. Su madre le preguntó si podían hablar a solas y Ximena accedió, le dijo que se olvidara de eso, que era una tontería, pero como su abuelo siempre le había dicho, Ximena le dijo a su madre “a palabras necias, oídos sordos” y sin más se fue caminando por el corredor.
-Lamento comunicarte que no hay buenas noticias Boris.- dijo el doctor Salkanovic.
El doctor le explicó a Boris que la enfermedad había avanzado a un ritmo inimaginable, y que si no le hacían un transplante de corazón moriría en 6 meses.
A Boris se le vino el mundo abajo, pensó en su esposa, en sus hijos y sus nietos. Sabía que no había vuelta atrás, sobre todo, porque la lista de pacientes en espera por un transplante de corazón era de más de 149 personas y él, al no ser un caso tan grave, no encabezaba esa lista.
Cuando Ximena entró al elevador se encontró con un Boris triste, su sonrisa se había apagado y su vista se clavaba en el piso.
-¿Pasó algo?- le dijo Ximena con un tono de preocupación.
-Soy hombre muerto.- dijo Boris de una forma que a cualquiera le habría dolido el alma.
-Ven, te invito por un café y me cuentas.-
Estuvieron 3 horas en la cafetería del hospital y Ximena se sorprendió ante la fortaleza de Boris.
A pesar de sus cortos 22 años de vida, Ximena siempre había sabido que tenía una misión en la vida, y ahora sabía de qué se trataba.
Boris abrió la puerta de su casa y vio a su mujer sentada en el sofá de la sala viendo la televisión. La saludó con un pequeño beso en la boca y subió las escaleras para dirigirse a su habitación. Margarita se percató de que algo pasaba y decidió seguirlo, le preguntó qué pasaba y Boris se lo dijo.
De pronto, la habitación era un mar de lágrimas.
Ximena fue a la universidad a tomar la última clase del día la cual terminaba a las 6:45 p.m., luego fue caminando hasta la biblioteca y abrió su laptop, hizo doble clic en el icono de Internet y escribió en el buscador: Transplante de corazón. Inmediatamente aparecieron casi 366,000 resultados; Ximena se dio el tiempo de leer aproximadamente 27 entradas con el título “Transplante de corazón” antes de mirar el reloj y darse cuenta de que eran las 10:30 de la noche. Gracias a su pequeña investigación, se informó sobre los costos y la duración de la operación, y el tratamiento posterior a ésta. Se dio cuenta de que era un precio bastante alto, ya que el costo total (contando la operación y el tratamiento posterior) rodeaba los 500,000 pesos.
Boris abrazó a Margarita y le dijo que todo estaría bien, que empezaría a pagar todas las deudas y que escribiría su testamento para dejar todo en orden antes de marcharse.
Bajaron las escaleras hacia el primer piso para ir por un té a la cocina, debían pensar en cómo se lo dirían al resto de la familia.
Al siguiente día Ximena abrió la puerta delantera de su Volvo S80, se sentó y ordenó sus pensamientos. Prendió el vehículo y se fue en dirección a Cuernavaca, su destino, el cielo.
Boris había convocado a todos sus hijos y nietos para informarles sobre la triste noticia. La primera reacción de todos fue llorar, luego, organizarse para juntar el dinero suficiente para el transplante y el tratamiento. Debido a que era una familia de bajos recursos, juntar el dinero no sería tarea fácil, pero tampoco era imposible.
12:35 p.m., los noticieros informaban que en el km. 38 de la autopista del Sol se había volcado un auto y había una víctima fatal cuyo nombre era Ximena Blaquier, tenía 22 años y estudiaba en la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México.
Cuando Boris apagó la televisión sintió un gran dolor y no pudo evitar derramar algunas lágrimas, le contó a su esposa cómo había conocido a Ximena. De pronto, el teléfono sonó, era el doctor Salkanovic, en su voz se apreciaba que habían buenas noticias, pero Boris nunca esperó lo que estaban a punto de decirle.
Ximena había dejado un papel dentro de su cartera en el cual decía, “si llego a morir, quiero que mi corazón sea donado a Boris Lara Fernández en caso de que esté vivo.” A Boris se le llenaron los ojos de lágrimas y no pudo evitar esbozar una sonrisa al escuchar las palabras del doctor Salkanovic; todos lo miraban esperando a que dijera algo, pero de su boca no salió ninguna palabra.
A Boris lo operaron esa misma tarde y el corazón de Ximena no fue rechazado, al contrario, el doctor Salkanovic dijo que era la recuperación más rápida y satisfactoria que hubiese visto en su vida.
Hoy Ximena cumpliría 57 años de vida, pero a cambio de eso, Boris a sus 92 años tiene el privilegio de ver nacer a su primera bisnieta, Ximena.
26 agosto 2010
"Nadie sabe cuándo el señor nos lleva" - CroniK
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