23 julio 2010

"Saber que se puede, creer que se puede" - Diego Torres

Los adultos dicen que los jóvenes nos preguntamos el por qué de todo. Tal vez eso de que nos preguntemos el por qué de todo no debería ser solo cuando somos jóvenes. También suelen decir que somos muy ilusos. Tal vez ellos también deberían serlo.
Levantarse de la cama, ir al baño, lavarse la cara, que el espejo te recuerde las numerosas canas que día a día la naturaleza te ofrece, darte una ducha, desayunar, mirar el correo y darte cuenta de que tienes muchas cuentas por pagar, dar un beso en la mejilla a tu mujer y ver como su cara ya no es la cara suave y tierna de hace 20 años, si no la cara arrugada que hace 20 años tenía tu suegra. Subirte al auto, ir al trabajo, pasar gran parte del día en un trabajo que no te llena, salir del trabajo, volver a casa, sentarte en el sillón al lado de tu mujer, ver la televisión, y finalmente, caer rendido en la cama. Y porqué no nos preguntamos al final del día: ¿Es esta la vida que quiero vivir?, ¿Es esta la vida con la que soñé?. Tengo una mujer, tengo hijos, tengo un trabajo, ¿pero es esto lo que yo quería hacer en la vida?. Ahora que soy un "adulto" ¿tengo que conformarme con ser uno más?, trabajar, trabajar, trabajar, ganar dinero, ganar dinero, ganar dinero, comprar cosas, comprar cosas, comprar cosas …
Nunca soñaste con hacer tu sueño realidad?, ese sueño que te acompañó toda la vida de la mano y ahora más que nunca te susurra "!Hagámoslo realidad!" y tú, que egoistamente solo sabes fijarte en el nuevo auto que tu vecino se compró, !Oh no puede ser, tiene GPS integrado y pantallas en los asientos traseros!, y ahí vas tú, y claro, te compras un auto. Viéndoselo cada día a tu vecina no consigues encontrar la felicidad, pero obvio, comprándotelo piensas que sí, pero tampoco la encontrarás.
No nos damos cuenta de por qué estamos aquí, la vida no es seguir un modelo, hacer lo que todo el mundo hace.
Estudio, trabajo, me caso, tengo hijos, me compro un auto, me compro una casa, me compro otro auto … Seguramente ya ni te acuerdas que cuando eras chico dibujabas en una servilleta lo que ibas a ser cuando crecieras ... nadie se acuerda de lo que era imaginar que tenías un consultorio para atender perritos de la calle, nadie se acuerda de qué era imaginar tratando de convertir tu sueño en realidad, fuera cual fuese, sin esperar un sueldo a final de mes, sin buscar algo a cambio, sin ni siquiera pensar en que con eso encontrarías o no la felicidad ... solo imaginabas como convertirías el sueño en una realidad.
Renunciar a tus sueños después de tantos años soñando es como destrozar el trabajo de toda una vida; ese sueño que cuando eras pequeño no te dejaba dormir por las noches, imaginando lo que seríamos cuando creciéramos. Ahora sólo nos fijamos en lo que el mundo nos regala, pero no luchamos por lo que el mundo nos esconde. Te volverás a acostar en tu cama, al lado de tu mujer y te dirás: ¡Cómo pasan los años!, y acostado en el colchón, apoyando esa canosa cabeza sobre la almohada te preguntarás: ¿He hecho mi sueño realidad?

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